Desarrollado por San Ignacio de Loyola, el Examen Diario es una poderosa técnica para dedicar nuestra atención a la presencia de Dios en nuestras vidas. Creo que el Examen es el ejercicio más importante de este sitio web, ya que puede ayudarnos a amar a Dios. El Examen puede realizarse durante unos 15-20 minutos por la mañana, al mediodía o por la noche para contemplar nuestra conexión con Dios hora tras hora. Si lo practicamos con frecuencia, puede ayudarnos a ser conscientes de nuestra devoción en todo momento, como una oración constante.
El Examen Diario
La entrega total a Dios – Tú me lo diste y a Ti, Señor, te lo entrego. Todo es tuyo; dispone de todo según tu voluntad: dame sólo tu amor y tu gracia; con eso me basta. (Respira profundamente varias veces y guarda el silencio que necesites para aquietar tu mente).
Gratitud – ¿Qué dones de Dios hay en mi día por los que te doy gracias? (Dedica un tiempo a descansar en la sensación de tu cuerpo mientras recuerdas los dones de Dios, como el amor, la alegría o la paz).
Revisión – Señor, te agradezco las veces en que amé generosamente hoy y lamento cuando no lo hice. ¿De qué una o dos maneras me he acercado o alejado de Dios? (Al recordar estas experiencias, permítete también detenerte en esos sentimientos, como cuando te alejaste de Dios).
Comprensión – Oro para comprender cómo Dios está actuando en mi vida. Describe, hora por hora, cómo experimentaste el fruto del Espíritu durante las últimas 24 horas. También describe pensamientos y acciones específicas, hora por hora, reflexionando sobre cómo te alejaste de Dios, por ejemplo, a través de adicciones, distracciones, etc. (Usa las sensaciones de tu cuerpo y los recuerdos de momentos para discernir el llamado de Dios en tu vida).
Gracia – Espíritu Santo, oro por una o dos maneras específicas de cambiar mi vida para seguir tu voluntad. Te agradezco las maneras en que me has inspirado.
Concluyo mi tiempo de examen rezando intencionalmente el Padrenuestro:
«Padre nuestro que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre; venga tu reino,
hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal.
Porque tuyo es el reino, tuyo es el poder, y tuya es la gloria, ahora y por siempre. Amén».